De Beirut a Gallipoli

Beirut se presentó en sociedad hace ya más de una década de la mano de Zach Condon. Y digo esto, porque a pesar de haber sido gestado como un proyecto en solitario, finalmente acabó naciendo en forma de banda, liderada por el mismo Zach. Y con Gallipoli (2019) son ya cinco los LPs publicados por la banda norteamericana, además de un puñado de EPs, singles, y hasta un DVD en directo. Mucho trabajo que les ha valido para hacerse un hueco entre las bandas referentes del indie internacional. Trabajo bien hecho que les ha llevado, entre otras cosas a ser cabezas de cartel del Vida Festival 2019.

Bien, presentaciones y protocolo cumplido, hablemos ahora de Gallipoli. Es obligatorio hablar de este disco como un todo, porque desgranarlo sería un obstáculo en el viaje sonoro al que te transporta escuchándolo de principio a fin (a ser posible sin interrupciones externas). Y es que es, literalmente, un viaje sonoro. Del primer al último corte, de When I Die a Fin pasando por la misma Gallipoli, Corfu o Landslide, el recorrido mantiene un ritmo a bajas pulsaciones, casi soporífero, pero que te hace abrir la mente hacia recuerdos y emociones profundas. La lisergia de la voz evocadora te lleva por paisajes infinitos que se tornan más bellos cuando ésta se funde con esas melodías oníricas y preciosistas.

Aunque haya dicho que hay que escuchar este álbum como un todo, cabe decir que cada una de las canciones es una pequeña joya en sí misma. En cada una de ellas está cuidado hasta el más mínimo detalle. Solo así, con canciones que desprenden grandeza de manera individual, se consigue un disco maravilloso como es Gallipoli.

Por otro lado, las letras parecen seguir el mismo patrón que las melodías, unas no ensombrecen a las otras. En este aspecto, Condon, se aleja mucho, muchísimo, de la banalidad y de las construcciones fáciles y aborda temas como la muerte, la añoranza o la infelicidad de esa manera que hace que se te remueva algo por dentro. Pero muy dentro.

Y bien, hasta aquí hemos llegado con Beirut y su Gallipoli. Definitivamente, es un “viaje” sin salir de casa y sin necesidad de drogas.

 

Alex Panda