De cuando la música te abraza fuerte…

No se me ocurre mejor canción para estar escuchando de fondo que su Seda y Hierro, tema que Antonio dedicaba a su mujer Marga cada vez que la cantaba. En este 2019, se han cumplido diez años desde que Antonio Vega se marchó y después de unos meses de locos y un verano que está acabando con todos los que estamos en la gran ciudad,  solo me quedan ganas para una cosa más, y es para escribir estas líneas hablando de él.

Conocí su música muy joven, en algún desamor de juventud donde buscas canciones tristes donde regocijarte y revolcarte. Y ahí estaba él, con ese punto de nostalgia y sensibilidad en sus letras, en su voz, en sus canciones… Ya había escuchado algo de Nacha Pop y siempre me quedaba embelesada con esa voz que parecía acariciarme el alma, pero sin duda, fue él, en solitario, lo que me hizo engancharme a esa forma de componer, de contar su vida a través de letras de canciones.

Nunca tuve la oportunidad de verlo en directo pero su música siempre ha tenido ese lugar especial en mi vida, su voz ha puesto banda sonora a mis mejores y peores momentos.

Antonio Vega empezaba a ser conocido en el mundo de la música en 1978 al formar, junto a su primo Nacho García Vega, uno de los grupos más influyentes de la movida madrileña, Nacha Pop. Del grupo saldrían temas que se han convertido en auténticos himnos como “La chica de ayer” o “Lucha de gigantes”, los cuáles han sido versionados por multitud de grupos de la escena musical nacional.

Como Nacha Pop publicaron seis álbumes de estudio: su primer disco homónimo (EMI-Hispavox, 1980); ‘Buena disposición’ (EMI-Hispavox, 1982); ‘Más números, otras letras’ (DRO-Warner, 1983); ‘Dibujos animados’ (Polydor-Universal, 1985) y ‘El momento’ (Polydor-Universal, 1987). Años después de la muerte de Antonio y con el grupo de nuevo reconstruido, sacarían en 2017 ‘Efecto inmediato’. Además, con Vega como líder editarían también su EP ‘Una décima de segundo’, además de varios directos y recopilatorios.

Sin duda, Nacha Pop se convirtió en uno de los grupos más relevantes e influyentes del pop español pero yo, que os venía a hablar de Antonio Vega, os tengo que confesar que sin él nada sonaba igual para mi. Es un poco lo que me pasaba con Los Secretos sin Enrique, que me faltaba algo, que su música no me llegaba igual que con ellos al frente de sus grupos.

Cuando Antonio decidió hacer su carrera en solitario, allá por 1988, aún con una vida llena de altibajos emocionales y con sus conocidos problemas con las drogas, nos dejó joyas musicales que aún hoy consiguen encogernos el corazón.

De su propia cosecha saldrían cinco discos de estudio, un álbum en directo y un recopilatorio de colaboraciones con otros artistas. Editaría así, ‘No me iré mañana’ en 1991, ‘Océano de sol’ en 1994, ‘Anatomía de una ola’ de 1998, ‘De un lugar perdido’ en 2001 y ‘3000 noches con Marga’ en 2005.

Y justo Marga, “mujer hecha de algodón, de seda, de hierro puro…”, su compañera durante siete años, fue una de las personas que más le marcó a nivel emocional. Se conocieron durante la grabación de ‘Anatomía de una ola’. A partir de ese momento, sus vidas se unieron hasta que ella falleció cinco años antes que él. Durante el tiempo que estuvieron juntos, además de convertirse en musa, colaboró como coautora de algunas canciones del último disco del madrileño, ‘De un lugar perdido’, publicado en 2001.

La pérdida de su mujer, sumió a Antonio en una profunda tristeza, de la cuál no fue capaz de reponerse en los últimos cinco años que le quedaban de vida. Que ya sabemos que lo que se llevó a Vega fue un cáncer pero que él murió un poco con su Marga también es cierto.

Antes de ella, Teresa, la otra mujer que marcó un antes y un después en el corazón del cantautor. Con ella, compartiría 18 años de su vida y se casarían a los 29 pero la vida les terminó llevando por distintos derroteros. Y lo que les pudo unir en los inicios, acabó por separarlos para siempre.

Y así, el tiempo fue pasando y Antonio, después de más de treinta años venciendo su timidez y dedicándose al mundo de la música, el 12 de mayo de 2009, con 51 años de edad, fallecía a consecuencia de un cáncer de pulmón que le habían diagnosticado unos meses antes. De esta manera, Antonio, ese chico triste y solitario, empezaba a convertirse en leyenda.

Ahora, cada vez que paso por su Penta, lo imagino allí, en la época en la que él era ese chico tímido y vulnerable y ahora nosotros brindamos por él en el bar donde su chica de ayer ha pasado mil y una noches ya.

Ya son diez años echándote de menos Antonio, a tu voz y tu forma de entender la música. Menos mal que siempre nos quedarán tus canciones y me harás volver, una y otra vez, a “El sitio de mi recreo”.