La elegancia de ser hortera

Si hay un grupo que no puede faltar en mi playlist de viajes de carretera ese es Varry Brava. Y es que los kilómetros y el calor se llevan infinitamente mejor con las canciones del grupo oriolano como banda sonora. Así que, aunque el verano ya está llegando a su fin, si eres amante del sonido tan particular de la banda, ¡estás de enhorabuena!

Varry Brava estrena su quinto álbum de estudio bautizado como ‘Hortera’. Y la verdad es que el título del disco, si atendemos a los roles clásicos y a los cánones estéticos, podría considerarse como acertado. Un vinilo rosa, con una portada en rosa y maquetado absolutamente todo en rosa. Pero qué queréis que os diga, tanto disco en negro a mí ya me cansa.

No puedo más que aplaudir a los chicos de Varry Brava. Es un proyecto arriesgado, con aires nuevos y que se lanza a la piscina vacía que supone probar géneros distintos siendo un grupo consagrado. Porque hay que reconocer que estar a la altura de todo lo que han hecho desde su génesis en 2009 es complicado. Temas consolidados del indie español como No Gires, Calor, La Playa o Chicas llevan su sello. A esto se le añade su último trabajo, ‘Furor’, álbum con canciones tan destacadas como El Sitio Perfecto, Satánica o Nada Personal. Siendo esta última mi canción favorita del disco. No negaré que aún tengo la espina clavada del concierto de ‘Dancetería’ en IFEMA en el que no la cantaron. Y eso que han pasado siete meses con cuarentena incluida. Aunque para ser sincero, desde que me enteré de que estaba en marcha un disco nuevo, se me ha ido pasando.

Está integrado por diez canciones y, aunque en la portada aparezca un excremento presidiendo la entrada al proyecto, lo cierto es que no es ninguna premonición de lo que vamos a encontrarnos dentro. Quizás por ello viene acompañada de un rosa con purpurina al más puro estilo ‘Hortera’. Eso sí, la imaginería y el diseño conceptual del disco, así como el acabado del vinilo, no tiene desperdicio.

A priori nos esperamos el sonido indie pop con influencias ochenteras, e incluso con tintes de electrónica, al que nos tienen acostumbrados. Pero la realidad es que esta intuición es matizable. Los ritmos y estilos de ‘Hortera’ van más allá de las referencias hasta ahora mencionadas.

Hortera abre el álbum y es una declaración de intenciones. Un despertador es el primer sonido del tema. Hora de despertar. El proyecto nace.  ¿Qué horas son? Dime cariño qué horas son.  No hay ningún reparo en hacer público con la letra de la canción que da nombre al disco que, para ellos, ser hortera es más una virtud que algo de lo que acomplejarse. Mírame y dime hortera todas las veces que quieras. Porque si estoy contigo me da igual que todos nos llamen hortera. Y a mí probablemente, cuando haya acabado de escuchar todo el disco, también. Porque si ser hortera es sinónimo del buen rollo que desprende esta canción, no tengo ningún pudor en admitir que me gusta el adjetivo.

Loco es el experimento del proyecto. Fue el primer adelanto del disco y no dejó indiferente a nadie. Se trata de un tema que deja de lado el estilo habitual de la banda para aproximarse al reggaetón mezclado con ritmos latinos. Está acompañado por un videoclip que ya nos dejaba intuir, allá por el mes de enero, el aura rosa del álbum que se estaba gestando. El tema nos habla de la locura suscitada por el romance que da vida a la canción. Cuando tú estás a mi lado, me vuelvo loco. Loco, pasa por mi lado y pierdo el coco. Ella sabe que, con su sonrisa, me coloco. Me pongo pastoso y rompo todo lo que toco. Y realmente locos se quedaron algunos fans del grupo al escucharla por primera vez. Recuerdo cuando cantaron el adelanto en la gira ‘Dancetería’. Las opiniones entre los asistentes eran variadas. No faltaba quien alegaba que el grupo había perdido su esencia y lo demostraba abiertamente. Desde mi punto de vista, y siendo este el aspecto más conflictivo del proyecto, creo que experimentar nunca es un error. Puede tener una acogida mejor o peor. Pero valoro enormemente que un grupo con tanto rodaje tenga inquietudes y géneros por explorar, aun siendo conscientes de que su fórmula habitual funciona. Y para los detractores que hablan de haberse vendido a lo comercial la buena noticia es que están equivocados. El disco no pierde, ni por asomo, las raíces del estilo de la banda. Y para muestra un botón.

Luces de neón nos transporta al más puro estilo Varry Brava.  Una cita improvisada con neones de fondo. Tengo preparado un plan irrechazable. Cualquier excusa puede ser imperdonable. Dime, ¿dónde estás? Y me paso a buscarte. Es un tema que aparte de hacernos viajar al alma del grupo nos transporta al universo galáctico del Sistema Solar. En la esquina con Saturno, a los mil años cruza Marte, ahí.

Molar es un canto a dejarse llevar sin atender a las convenciones. Salir a volar y a celebrarse a uno mismo. Hoy voy a salir a molar. Nada de pensar en el catecismo. Ya tenéis de lo que rajar ¿Y sabéis que “pa”? Que hoy os doy permiso.

Mi mejor momento es para mí la mejor canción del álbum. Soy lo que ves y luego, me sigues siempre por el mal camino. Y crees de nuevo todo lo que te cuentan, pero sangre ves, ¿qué es eso? Y así podría resumirse la banda. Son lo que vemos, un grupo transparente y con un mensaje claro. Fuera los prejuicios. Abogan con la letra más fresca y positiva del disco por la libertad y la diversidad, defendiendo la confianza en uno mismo y dejando en un último plano lo que puedan pensar o decir de ti. Es escuchar el tema e imaginarme bailándolo en ‘Ochoymedio’, pero por ahora, parece que nos vamos a tener que conformar con bailarlo en casa.

Giramos el disco y pasamos a la cara B.

Ciervos nos muestra la volatilidad de la protagonista de la canción. Es una aparición etérea que se evapora al instante y a la que el cantante le suplica tenerla cerca, de la forma que sea. Flota en el viento y se va, al ritmo de sus cabellos. Cuando llego desapareces miro a mi lado, pero no estás. Antes que no verte prefiero tenerte así, semitransparente.

Ritos exóticos tiene la base musical más rítmica del disco, así como uno de los estribillos más ocurrentes Yo quiero verte danzar al son de ritos eróticos. Que gire el mundo al revés. Que aplaudan todos los católicos. Abarca cuestiones como la arcaica doctrina del terraplanismo, la muerte, la trascendencia de las cosas o la confianza en el amor.

PlisDonGou está compuesta durante el verano en un balcón con vistas al mar. Y se nota. Si hay algo que me guste del indie es su capacidad de tratar la nostalgia como si de algo divertido se tratase. Trata sobre una relación de verano que no es del todo correspondida y que acaba borrándose como el nombre que tras escribirse la arena es arrasado por la ola. El agua me borró tu nombre en la orilla. El viento voló mi sombrilla. No te gustó cuando te puse aquella canción que decía Plisdongou. Narra la tristeza de la ruptura y cómo el cantante se derrite al escuchar en la discoteca su canción favorita. No lo esperaba y empezó a sonar esa canción que tú siempre pedías. Creía que podía controlar y me quedé de nuevo hecho plastilina. El videoclip, producido durante el confinamiento, está compuesto por videos de los fans de la banda recreando la escena veraniega desde sus casas.

La culpa es la canción más cruda del trabajo. Habla sobre el perdón y las segundas oportunidades en una relación que ha terminado. Podría resaltar la letra de toda la canción, pero es un tanto dura así que me limito a citar algunos versos. Para que no tengas más dudas te lo voy a recordar. Ya no pienso darte otra oportunidad. No me escribas ni me ladres y guarda un poco de dignidad. Es la única canción del proyecto que tiene una parte hablada, lo que resalta, aún más si cabe, el rencor y el dolor que envuelven el tema. Tienes la culpa de cada caída, de cada motivo, de cada manía. No pasa nada si claro el amor como todo también se termina.

Y, por último, Kit Kat, es la sorpresa del disco, el dardo directo al corazón. Una canción acompañada por un instrumental que protagoniza un piano como si de un acústico se tratase. No me imaginaba, ni de lejos, esta canción para concluir el proyecto. Pero emociona. Para que luego digan que experimentar es perder la esencia. Y si por algún casual lo fuese, que por favor no dejen de hacerlo.

Escuchar “Kit Kat”

Puede que haya quien tache a este disco de hortera por su apariencia externa. Yo prefiero decir abiertamente que sí, es hortera, pero con una clase y un gusto exquisito. La última canción, que aun no he superado después de haberla escuchado tres veces, dice: Sí, quisimos desaparecer mientras colgaban un cartel de nuestras caras en Gran Vía. Y fue que hizo KitKat el corazón. Y nos salvó de nuevo una canción de mierda.

Definiría este disco como un Varry Brava al desnudo. Sin complejos. Y solo puedo pediros que no desaparezcáis, porque a nosotros también nos ha hecho KitKat el corazón al escucharos así. Tan auténticos, tan vosotros. Gracias por arriesgaros y por ofrecernos algo tan íntimo y personal a la vez. Cada día me reafirmo más en que lo importante en la música no es la complejidad técnica, sino que las canciones traspasen y sean capaces de tocar la fibra sensible. Y ya ha quedado demostrado que, a vosotros eso, no se os da nada mal.

¿Hortera? Puede ser. Pero auténticos, para rato. Y eso no os lo quita nadie.

Por si aún no lo has hecho, te invito a adentrarte en el universo de ‘Hortera’. Prepara el glitter y el pintalabios, y ¡atrévete a darle dale al play!

Escuchar “Hortera”